El otro día me fui a dar un paseo a las dos del mediodía, con 40 grados a la sombra, por Granada.
Me encanta. Nada mejor que la calor y un buen bochorno. Siempre me ha gustado el calor. No es que no me guste el frío, pero es que me tira el clima cálido.
La ciudad vacía. Solo algún valiente con camisa de manga corta metida por dentro, gomina en el pelo y náuticos.
Algún otro en monopatín, y algún guiri rojo, entre el sol y la cerveza.
Entré en un bar con el aire acondicionado a tope. Pedí una “milnos”, media de calamares y un tomate aliñado. En una mesa alta, por supuesto. Yo a esas mesas las llamo mesas negociadoras.
A pocos centímetros de mi, unos banqueros de un banco muy conocido, en una calle muy conocida, con una reputación comercial también muy conocida. De esos que lo mismo te colocan un fondo que no se mueve ni a tiros, que una moto, o una vajilla de seis servicios.
Yo, como si llevara una gabardina y monóculo en modo espía financiero, no podía evitar escuchar la conversación. Hablaban de clientes.
Que si uno lo perdió todo comprando bitcoin.
Que si otro compró acciones sin saber muy bien y vendió cuando vio que la mitad de su dinero había volado por la ventana.
Que a otro le pilló el Brexit, la pandemia, la subida de tipos… y la bolsa cayendo más de un 30%.
De vez en cuando me miraban, porque estaba atento a la charla. Les seguía las risas, con el palillo en la mano, pinchando un calamar y un trozo de tomate al mismo tiempo, como si eso me diera derecho a opinar.
Y en una de esas, no pude evitarlo. Pues me estaban dando pie a comentar con ellos. Dije:
—Es curioso lo de sus clientes… Sabiendo que:
El Bitcoin se ha revalorizado un 1.700.000 %.
El 80 % de las acciones en bolsa suben.
Y que el Nasdaq marcó máximos históricos en 2021, justo después de la crisis sanitaria, cayó un 30 % en 2022… y hoy vuelve a estar rompiendo récords.
Qué irónico lo de sus clientes…
Y rematé:
—El mayor riesgo en bolsa no es solo no saber lo que se hace. Es pensar, cuando el mercado está en máximos, que va a subir para siempre. Y olvidar que la renta variable… es variable y a eso se le llama volatilidad.
Pagué, y les dejé pagada una ronda. Nos estrechamos la mano y me presenté.
Y seguí mi paseo, en busca de un café solo largo con hielo y una maritoñi. Para terminar sentado con gafas de sol en una terraza… y un pacharán.
“En bolsa, el mayor riesgo no es perder dinero,
es no saber que para que tu inversión suba, antes tiene que bajar..”