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El Bitcoin nunca podrá caer a cero

Tú quizás no lo entiendas, pero la generación que va detrás tuya lo hará perfectamente.

Imagina hace 100 años. Qué le dices a alguien que en un bazar puedes comprar el cuadro de la Gioconda exactamente igual. Con el marco y todo, Un calco por 20€. 

Seguramente te diría que el precio del cuadro original caerá a cero su valor. 

Pero tu lo entiendes perfectamente. El cuadro original  está en el Louvre. Tomarle una foto con tu móvil no te hace que tengas posesión de él.

Pues bien, eso que entiendes perfectamente, es justo lo que entenderán las siguiente generaciones con el Bitcoin o los NFTs.
 

Bitcoin es un activo digital difícil de entender al principio porque rompe las categorías mentales con las que analizamos el dinero y la propiedad.

No es “una moda” ni solo una apuesta especulativa: su innovación real es haber conseguido algo que parecía imposible en Internet: crear propiedad digital sin depender de un tercero de confianza.

En el mundo digital, todo es información y la información se copia. Por eso, históricamente, para que existieran “activos” digitales (dinero bancario, acciones, saldos, plataformas), hemos necesitado intermediarios: bancos, empresas o Estados que registran quién tiene qué, evitan que alguien “gaste dos veces” lo mismo y, en la práctica, controlan el sistema.

Ese control tiene un coste: dependes de ellos, pueden censurar operaciones, bloquear cuentas y recopilar información sobre tu actividad.


Bitcoin cambia ese modelo. Funciona como un registro de propiedad compartido (una contabilidad pública) donde las normas están fijadas por código y cualquiera puede verificarlas. La propiedad se mueve firmando transacciones con una clave privada. Esa clave se deriva de una “semilla” (normalmente 12 palabras, a veces con una passphrase adicional), que es la pieza crítica: quien conoce esas palabras controla los fondos. Por eso se insiste tanto en la autocustodia y en no confundir el dispositivo (hardware wallet) con la propiedad: el dispositivo solo firma; el bitcoin no “vive” ahí, vive en el registro.


Otra idea clave es separar Bitcoin del resto de “criptos”. Muchas criptomonedas dependen de empresas, fundaciones o emisores, y por tanto se parecen más a activos financieros con riesgo de contrapartida. Bitcoin, en cambio, se acerca más a un activo “sin emisor”: su seguridad emerge de una red muy grande de participantes verificando reglas comunes.

 

Y, por último, por qué es muy complicado destruirlo: porque Bitcoin es, en esencia, información replicada. Para “matarlo” tendrías que eliminar todas las copias del registro a la vez, es decir, apagar o destruir los nodos distribuidos por todo el mundo (y sus múltiples redundancias).

Mientras exista una copia funcional del registro y personas capaces de ejecutarlo, la red puede seguir viva. En la práctica, eso exige un escenario extremo de destrucción coordinada global, por eso se considera extraordinariamente difícil acabar con Bitcoin.

No te digo que compres Bitcoin, sólo te digo como lo entiendo yo


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“El poder del Estado depende de su capacidad para controlar la riqueza.
Cuando esa riqueza puede moverse libremente por el mundo, ese poder empieza a desaparecer.”

El individuo Soberano