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Lo que aprendí por error

La vida está llena de contratiempos. 
 

Un despido que no tocaba. Una lesión tonta. Un plan que se cae a última hora.
 

Pero luego pasa algo raro.


Ese despido te empuja a probar algo que llevabas años posponiendo.

Esa pierna rota te obliga a parar, quizás se cruza alguien en tu camino por ello, de pronto cambias de ritmo.

O ese plan que se cancela abre una puerta que ni sabías que existía.

No te hablo de un optimismo barato. Te hablo de perspectiva.

Hay una vieja historia del sabio que seguro conoces.

Cuando algo malo ocurre, el sabio decía:

“¿Mala suerte? Buena suerte. ¿Quién sabe?”, será para bien…

 Y cuando algo bueno ocurre, respondia lo mismo.

Porque el sentido de lo que nos pasa casi nunca se entiende en el momento.

Lo curioso es que muchas de las cosas que hoy agradecemos empezaron como un error, un problema o una decepción.

Gracias a aquello que me pasó.

Menos mal que se nos averió el coche.

Estaba del destino que repitiera curso.



No porque el dolor sea bueno.

Sino porque el camino que abre, a veces, lo es.

Muchas veces me lo llevo a mi terreno:

Todo ese dinero que perdí haciendo Trading y especulando. 

Las empresas que quebré.

Lo que me costó sacarme la carrera, encontrar un buen trabajo, dejar un buen trabajo.

Crear un buen trabajo.

Todas esos tropiezos que me hacían mirar a la luna o pensar mientras me caía el agua de la ducha, con la frase de:

«No puedo más»

Quizás eso que hoy te parece un contratiempo no viene a fastidiarte la vida, sino a desviarte un poco de la senda.

Y quién sabe.

Igual ese desvío era justo el que necesitabas.

Aquí un lugar de aciertos y errores.

Salvados por la Bolsa.
 

«Buena suerte mala suerte…
 ¿Quién sabe?
Será para bien…»